FDFrancisco Dancausa

Una cita mensual

Carta del
camino

Una pausa entre tanto ruido. Una reflexión inédita, la última columna y las noticias de una obra que continúa andando.

El sentido de esta carta

No llenar el buzón, sino acompañar el camino.

Cada entrega reunirá una reflexión breve, una pieza de Paso a paso, un fragmento de libro o audiolibro y alguna noticia verdadera: aquello que acaba de publicarse, lo que se está escribiendo o una invitación a mirar de otra manera.

Carta 02

25 septiembre 2026 · 5 min de lectura

La tercera silla

El lugar que dejamos al desacuerdo.

Querido lector:

Cuando dos personas discuten, solemos mirar únicamente las sillas que ocupan: una frente a la otra, cada cual junto a su herida y a la versión de los hechos que ha aprendido a defender. Pero en medio de ambas queda, casi siempre, un sitio vacío. No es una silla mágica ni promete que todo vaya a terminar bien. Es, sencillamente, el espacio donde la conversación todavía podría empezar.

A esa posibilidad la llamo la tercera silla. No pertenece a ninguno de los dos lados. Tampoco es el asiento de quien reparte culpas desde una altura cómoda. Es el lugar desde el que podemos escuchar sin renunciar a la verdad, poner un límite sin convertir al otro en un monstruo y nombrar el daño sin usarlo como una condena perpetua.

Escuchar no significa dar la razón. A veces, precisamente porque tomamos en serio lo ocurrido, necesitamos decir que no, pedir que algo cambie o apartarnos. La convivencia no exige que borremos las diferencias ni que llamemos paz a cualquier silencio. Hay silencios que protegen al poderoso y silencios que permiten respirar a quien ha sufrido. Aprender a distinguirlos también forma parte del cuidado.

En la mediación, la tercera silla recuerda que entre una acusación y una respuesta puede abrirse un intervalo. Allí las palabras dejan, por un instante, de ser piedras. No siempre conducen a la reconciliación: algunas conversaciones terminan con una distancia más honrada, con una responsabilidad reconocida o con un límite que ya no se negocia. También eso puede ser un avance. No toda paz se parece a un abrazo; a veces se parece a poder marcharse sin destruir al otro ni destruirse uno mismo.

Este mes he publicado La tercera silla, un ensayo sobre mediación, conflicto y convivencia. Su pregunta cabe en una mesa familiar, en un aula, en el trabajo y en la conversación pública: ¿cómo seguimos compartiendo mundo con quien no piensa, siente o recuerda como nosotros? No tengo una fórmula que sirva para todos. Tengo, en cambio, la esperanza de que escuchar mejor nos permita elegir con más lucidez qué palabra decir y qué frontera cuidar.

También la última columna, Mentes prestadas, vuelve sobre esa responsabilidad: incluso cuando una máquina nos ayuda a escribir o pensar, no conviene entregarle el juicio que nos corresponde. Y Entreletras ha contado la llegada de la segunda edición revisada de Piedra y Herejía: Úbeda, 1588, una novela donde la verdad y la conciencia vuelven a medirse con el poder.

Quizá no podamos escoger el conflicto que nos encuentra. Sí podemos intentar que no nos quite el lenguaje, la proporción ni la humanidad. A veces, para que una mesa no se convierta en un campo de batalla, basta con dejar una tercera silla sin dueño y preguntarnos qué sería posible decir desde allí.

Francisco Dancausa RuizCórdoba · Septiembre de 2026

Carta 01

29 agosto 2026 · 5 min de lectura

Una casa con la puerta abierta

La primera carta, el comienzo de una conversación.

Querido lector:

Una página web puede parecer una casa terminada: tiene fachada, habitaciones, puertas con su nombre y ventanas que dan a distintos paisajes. Pero una casa no empieza a vivir cuando se coloca la última piedra. Empieza cuando alguien entra, se sienta sin prisa y deja sobre la mesa una pregunta que no traía respuesta.

Esta web ha ido reuniendo libros, columnas, audiolibros y un curso de escritura. Ha crecido como crecen los caminos verdaderos: no mediante un plano trazado de una vez, sino a fuerza de pasos, hallazgos y rectificaciones. Faltaba, sin embargo, un lugar donde el autor y el lector pudieran encontrarse sin la urgencia de una novedad ni el ruido de las redes sociales. Esta carta quiere ocupar ese lugar.

No llegará todos los días. Tampoco todas las semanas. El mundo ya nos entrega demasiadas palabras antes de que hayamos podido escuchar la anterior. Llegará una vez al mes, con la modesta pretensión de ofrecer una pausa: una reflexión que no haya nacido para obedecer al reloj, la última columna de Paso a paso, alguna página escogida y una noticia acerca de los libros que siguen buscando lectores.

Este primer encuentro coincide con la apertura de la biblioteca de audiolibros. El Jesús de mi noche, Donde rezan los muertosy Las almas que regresan ya pueden escucharse. Tal vez escuchar un libro sea otra forma de volver al origen: antes de que aprendiéramos a leer a solas, alguien nos contaba las historias junto al fuego, y la voz hacía de cada palabra una presencia.

También permanece abierto Mirar despacio, el curso gratuito de escritura. Su título contiene, en realidad, la intención de toda esta casa: detener la mirada allí donde la costumbre nos vuelve ciegos. La literatura no siempre cambia aquello que vemos. A veces hace algo más humilde y más necesario: cambia la manera de mirarlo.

Gracias por cruzar esta puerta. Ojalá cada carta sea una silla colocada junto al camino, no para apartarnos de la vida, sino para regresar a ella con los ojos algo más despiertos.

Francisco Dancausa RuizCórdoba · Agosto de 2026

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